La verdad es que estaba algo más tenso de lo habitual. No había ninguna razón para ello, pero de vez en cuando ocurre y creo que es normal. Espero que la cosa no saliera demasiado mal…
Octubre 17th, 2008 by Javier Leiva Aguilera in General
He estado en Alicante impartiendo un curso para la gente del Tebad y de la Universidad de Alicante. El curso abarrotado y la gente muy maja, tanto en el propio curso demostrando interés como fuera de él llevándome de paseo por la ciudad (a comer, principalmente, que es de lo que se vive). Aprovecho para saludar a todos y agradecer el trato.
Pero más allá del curso, anoche cenando se desarrolló una conversación parecida a esta:
María José: pues yo trabajo en la Biblioteca de la Facultad de Medicina de la Universidad Miguel Hernández. Ana: Allí cuando vas huele fortísimo. Javier: ¿y eso? María José: es que abajo tienen la piscina con los cuerpos para diseccionar, investigar y eso. Y claro, para conservarlos los tienen en formol. Javier: Vaya! ¿Se puede visitar? María José: pues no sé, supongo que sí…
Y sí, se ha podido.
Al entrar encontramos la sala de disección, donde hay unas dieciseis mesas de operaciones. En cada mesa hay un cadáver y según en la fila que esté está más o menos entero (en la primera separan la piel, luego acceden a las vísceras, etc.). Es impresionante ver las capas separadas, el cuerpo humano como una cebolla: piel, músculos, vísceras, huesos… además de las mesas hay varios depósitos con partes en formol. Yo he visto el de pulmones y el de cerebros. Adyacentes a la sala de disección hay algunas otras com el laboratorio, otra llena de tarros con fetos de diversos tamaños, cerebelos y demás.
Y si seguimos con la visita guiada llegamos a la joya de la corona: la piscina. En este caso son dos piscinas, una de formol y otra en la cual no recuerdo qué me han dicho que había. El caso es que la de formol sirve para los cuerpos que van a ser diseccionados, y la otra deja los cadáveres en un estado muy parecido al de una persona viva (sin rigidez y eso). Los cuerpos de esta última los usan para hacer prácticas quirúrgicas (de todo tipo, según me han dicho incluso han realizado cambios de sexo). Los cuerpos están sumergidos de modo que desde fuera sólo se ve la parte superior de la cabeza. Están atados con un gancho a una barra metálica y si se estira un poco sacan la cabeza y saludan (sin muchas ganas, todo hay que decirlo). Lo que más me ha impresionado de la piscina, más que los propios cuerpos, es saber que cada uno de ellos se pasa allí dentro un mínimo de dos años antes de ser utilizado en las mesas de disección u operaciones.
¿Qué me ha llevado a hacer esa visita? Pues la verdad es que ha sido una oportunidad inesperada, que apareció por casualidad en la conversación reproducida arriba y que en un primer momento formó parte del cachondeo de una cena entre colegas. Pero más allá de eso creo que ha sido muy enriquecedor para mi a nivel personal porque he visto cómo aprenden los futuros médicos, cómo los investigadores trabajan para comprender mejor el cuerpo humano y cómo gracias a ese trabajo la ciencia avanza y nos beneficiamos todos (y agradezco que me hayan permitido entrar y el montón de cosas que me ha explicado el responsable, cuyo nombre siento no recordar). Desde luego lo recomendaría a todo el mundo, aunque sé que muchas personas son aprensivas y que solo con pensarlo les vienen mareos. Se comprende, pero es mucho peor pensarlo que verlo porque no son más que son cuerpos como los nuestros. O mejor todavía: podrían ser los nuestros en el futuro si donamos el cuerpo a la ciencia.
Septiembre 15th, 2008 by Javier Leiva Aguilera in General
El día 29 empiezan las clases en la Uvic, lo que significa que desde hace unos pocos días ha habido que cambiar la preparación sosegada por la marcha larga para poder tenerlo todo a punto. Este año voy a dar seis asignaturas, casi nada.
Veremos cómo se da la cosa, a mi lo que me gustaría es que las clases fueran lo menos clases posible. Soy de los que piensan que debería ser menos visible la diferencia entre profesor y alumno: ellos aprenden de mi, pero yo también debo aprender de ellos; cuanto menos en corto atamos más allá puede ir quien quiere aprender de verdad (y quien no quiere también debería preferir la correa larga). No es que me de al rollo colegueo ni nada de eso, es simplemente que sólo soy una persona (como los alumnos).