Bibliotecaria recepcionista
Situémonos: desde Santander, por la A8 en dirección a Oviedo, nos encontramos (a unos 30 km) con un lugar que pertenece al municipio de Reocín. Podríamos darnos una vuelta por Quijas, que así se llama este paraje, volver por donde hemos venido y olvidarnos de la historia. Pero no; en lugar de eso, paramos a hacer noche en la Casona Torre de Quijas y descubrimos que tiene un espacio llamado biblioteca.
Esta biblioteca no es más, por qué no decirlo, que una habitación con un armario lleno de libros. Con su encanto, eso sí. Izquierda: armario y televisión (zona de audiovisuales?); derecha: sofá y sillones (puntos de lectura) y una pequeña zona para los cd (once, más zona de audiovisuales). Existe, además, un catálogo de fichas con información suficiente para las necesidades del centro: título, autor y resumen (ocho, diez palabras).
El armario que contiene los libros está cerrado con llave, así que para consultar alguno de los documentos debemos pedirselo a la bibliotecaria (la recepcionista), quien muy amablemente corre a abrir las puertas del saber (sólo una, de la otra han perdido la llave; lástima, es donde tienen las fichas) y nos ofrece la obra que nos interese. Podemos, asimismo, solicitar documentos en préstamo para consumirlos en la habitación, con la única condición de que los devolvamos antes de dejar la casa. No obstante, no existe ningún registro donde anotar los libros prestados, y tampoco se necesita ninguna tarjeta de lector.
Preguntamos a la bibliotecaria si está todo catalogado y responde afirmativamente. Le inquieta la pregunta, así que le confesamos que todo se debe a un interés (¿deformación?) profesional. Error: se inquieta más, se ruboriza y esboza un qué verguenza, lo hicimos de cualquier manera porque no sabemos más, son fichas de esas antiguas que se usaban antes. Se impone tranquilizarla: no, señora, al contrario, tiene mucho valor lo que han hecho. Y es verdad.
Es curioso: después de oir que uno es bibliotecario, empieza la bibliotecaria (ahora ya más recepcionista) a mirar con ojos de respeto, quizá creyendo que está ante un pozo de sabiduría. Eso era antes, señora, ahora sólo somos técnicos.






Por RSS
Vaya!
Vas de turista meapinos por los pueblos y encima intimidando a la gente de buena fe. Qué cosas tienes…
Bueno, cuentanos que joyas tenían en la minibiblioteca, y qué libro tomaste prestado, o estabas de vacaciones?
Por cierto, el lugar parece de cuento. Ideal para leer Romeo y Julieta en compañía.
Me apunto a lo de David, esta tarde pongo un anuncio en busca de mi Romeo para pasarme por alli un fin de semana y disfrutar de la sala de lectura y audiovisuales, aunque… si se pueden subir a los aposentos….
Yo estuve en Santiago en un hostal de esos llamados “con encanto” por las guías turísticas, en donde tenian una entreplanta con algo similar a lo que nos cuentas. Pero no había fichas, solo una lista, a modo de inventario con titulo y autor.
Me ha encantado el post, y sdos cositas:
- Me sorprende un montón que alguien, sin ningun tipo de relación con la biblioteconomia se moleste en hacer sus fichas
, mola, eso si que es curioso.
- Y así que siguen viéndonos como pozos del saber? pobre bibliotecaria – recepcionista, que turbación encontrarse cara a cara cn todo un erudito
juas, pixapins
El fondo era todo dedicado a Cantabria, lo cual me parece muy lógico. Yo pedí uno sobre Altamira y otro sobre cocina cántabra. uno sólo para ver las fotos, y el otro para ver las fotos y babear.
Sí Catu, un erudito
Que cosas… pero hay que tener en cuenta que la señora tenía una edad. En su época los bibliotecarios eran sabiduría andante, humanistas y tal.
Bibliotecaria\recepcionista????????
Me suena me suena………..
Muy bueno el POst, y el sitio estupendo no?
besos
¿eran necesarias las fichitas?, quiero decir, ¿tantos había?. … sorry .. por joder y eso.
No, no eran necesarias. En realidad, dudo que tuvieran ningún tipo de ordención más allá de cómo las dejara el último que las había consultado. Era simplemente un detalle curioso: revela que, aún habiendo pocos libros, se le había dado importancia a ese elemento y en su día se le quiso dar un mínimo de sistematización al proceso y blablabla…
Eso me recuerda el pasado fin de semana, cuando nos dispusimos a jugar una partida de Trivial y una chica de mi grupo, cuando supo que era bibliotecaria, se empecinó a que contestara todas las preguntas de literatura… ¡Que sólo me miro las portadas!” y ella erre que erre… ¡Al final me daba miedo decepcionarla!
Esas pequeñas bibliotecas y sus servicios en hoteles, en cruceros, en casas de retiro, en hospitales, siempre me han parecido conmovedores, me recuerdan el valor de la lectura como acompañante en cualquier espacio y me pone de nuevo en perspectiva: todo proceso, sistema, método tienen sentido sólo para que esos libros (o cualquier otra información) se encuentren con su lector.
Un llamado para los bibliotecarios y en especial a los documentalistas que como los expertos en los medios, suelen olvidarse de los fines:
A cada lector su libro
(Primera Ley de Rangantan)
Yo estuve en una casa rural en Loja (Granada) que también tenía biblioteca junto a la chimenea, pero en estantes abiertos. Como el propietario era diseñador tenía una buena colección de revistas de decoración, sobre todo El Mueble.
Los Arroyos
Joder ya tiene más que muchas bibliotecas que comienzan y lo digo por experiencia propia porque me he encontrado con cada cosas….. hasta lo de las fichas me parece encantador si tenemos en cuenta que hay gente que ni siquiera las actualiza y trabajan en “bibliotecas”. Cuanto nos queda por aprender ¡¡¡¡